Somos nuestro peor enemigo

¿Somos nuestro peor enemigo?

Ayer, cuando ya estaba acabando el día, sufrí una intensa y desagradable experiencia al comprobar que una elección

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laboral de esa mañana fue todo un error. Enseguida me llevó a asociar aquello con un acto que dejaba en entredicho mis competencias y valía. 

El hecho en sí pudiera parecer a otros algo insignificante, pero para mí, tan solo no haberlo previsto, fue lo que constituyó el mayor de los errores. La envergadura de la equivación es imposible de evaluar en esos momentos, pues justo lo que sucede es que lo magnifico, perdiendo la capacidad real de analisis.  

¿Es que no aprendí nada de otras ocasiones?, ¿Es que no soy capaz de cambiar cómo sentirme?, me repito compulsivamente.

Cuando sucede algo semejante, me reduzco a un tamaño pequeñito. Por el contrario, el error se amplifica como un gigante mostrándome un feo y enorme dedo acusador que grita: "fracaso", "desilusión"...

Ese gigante es mi verdugo. Ese verdugo soy yo. Me convierto en todos los pronombres: yo yerro, mi fracaso, me condiciona y conmigo se queda martirizándome con adjetivos que me reducen más y más cada vez, hasta que en algún momento toco fondo y, aún enfangada de desilusión conmigo misma, voy aupándome hasta salir. Así quedo marcada con una nueva cicatriz y más hábil para sortear, en la próxima ocasión, ese nuevo obstáculo.

Todas estas experiencias contribuyen a que me equivoque menos veces, pero hoy me he preguntado por qué se repiten de nuevo todos esos sentimientos. ¿Aprendemos de nuestros errores?. A decir verdad creo que aprendemos a evitar cometerlos pero no el modo de afrontarlos.

Y pensando sobre ello, reconozco que lo que "me" digo es distinto a lo que digo a los demás. Conmigo soy dura y me juzgo duramente, sin embargo, lo que le digo a una buena amiga que se siente muy mal con algún problema, va dirigido a reducir de algún modo su dolor, a que lo vea con más objetividad, a que trate el asunto aisladamente, ...a calmarla, ¿Cuándo hago eso conmigo misma?.

Estoy comprobando que por un lado me concentro en el dolor y permito que esa parte se apodere de todo lo que soy, esto impide que vea otros aspectos positivos, como mis aciertos, o que valore el hecho en sí mismo y lo relativice, o que sencillamente, lo aisle, lo solucione y siga adelante. Este modo de reaccionar paralizante es sencillamente ineficaz, además de destructivo. 

Todas estas cosas si se las recomendaría a cualquier buena amiga, ¿por qué no recomendármelas a mí?, ¿esto le pasa a otras personas?, ¿somos nuestros peores enemigos?. Seguramente si, hasta que seamos capaces de cambiarlo.

Suerte que cada día sale de nuevo el sol.

 

 

Sola, en compañía
La Vidente Inteligente
 

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Viernes, 20 Abril 2018